El día que me mencionaron que en el club se estaban llevando a cabo actividades de vela adaptada dije: ¿vela qué?... Vela adaptada, navegación para chicos discapacitados. Y pensé, <¿Como será que se adapta la navegación a cada una de sus discapacidades?>
Era la primera vez que trabajaba con personas discapacitadas y el día que los conocí me costó pensar en lo capacitados que estaban para hacer lo que estaban haciendo. Debo admitir que cuando empecé las actividades en la escuela del club el grupo ya tenía importantes conocimientos acerca de la navegación a vela y por lo tanto el vocabulario utilizado a bordo de una embarcación ya lo tenían incorporado, fue todo mucho más fácil, era solo cuestión de práctica.
El grupo estaba formado por personas con diferentes tipos de discapacidades; físicas, sensoriales, cognitivas e intelectuales, de las que conocía poco al respecto y nunca me había animado a preguntar.
Al instante que llego y me presento ante el grupo siento una inmediata aceptación y respeto por parte de ellos, muchos de los cuales se los notaba ansiosos por navegar y otros con un poco de miedo a la inestabilidad del barco. Me tocó salir en un Pampero (velero ligero de 3,75mts de eslora) con Seba, Walter y Yami. Seba y Yami poseen discapacidades cognitivas e inetelctuales y Walter discapacidad visual. Seba es un chico muy inquieto y energético y fue el primero en subirse a colocar las velas en el barco para salir rápido. Era la primera vez que hablaba con él y no sabía cuales eran sus conocimientos al respecto, entonces me quedé para ayudarlo. El primer desafío se presentó al colocar el puño de escota de la vela mayor, para el cual había que hacer un as de guía (nudo utilizado frecuentemente en la navegación), tomé el cabo y comencé a hacerlo y él inmediatamente me lo sacó de la mano e intentó imitar lo que estaba haciendo...Le dije dos palabras para ayudarlo y él, de una forma sorprendentemente habilidosa lo descubrió inmediatamente. <<Seba, ¿Sabés el tiempo que estuve yo para aprender a hacer este nudo?>> Le dije, y sonrió.
Subimos todos los tripulantes al 'Jorge de Luca' y partimos rumbo al astillero por Río Santiago. Yami estaba callada y con un poco de nervios y Walter tenía la cabeza erguida percibiendo cada ruido, cada viento. Él llevaba las escotas y Seba con seguridad y convicción se animó a llevar el timón de ceñida y ser el capitán del barco.
Volvimos del astillero después de tres horas de navegación rumbo hacia el club con viento en popa, Walter al timón y Seba y Yami como apoyo ya que en el río hay obstáculos que Walter no podía ver. Era un agrado ver lo bien que llevaba el timón y como percibía los ruidos para evitar una trabuchada.
Una vez en el muelle desamarinamos el barco y doblamos las velas, tarea de la que se ocupó Seba perfectamente. Walter bajó del Pampero y al igual hizo Yami, quien no había emitido palabra hasta entonces que me dió un fuerte abrazo y dijo: <La próxima vez quiero volver a navegar con vos.>
Llegué a mi casa con ganas de hacer lo mismo al día siguiente, de salir a navegar con ellos y recibir ese amor que transmiten al hacer algo que les encanta y desafía estar haciendo. Inmediatamente entendí que las discapacidades no existen, sino que son capacidades diferentes de percibir, de controlar, y de amar.
Quetu.
Quetu.